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Ese dos siempre fue un corazón roto


¿Quién puede decidir el lugar dónde nace
ubicar con el dedo la familia que le acoge
intuir si acaso el futuro que le espera
evadir tan siquiera un par de dolores?
Río Magdalena no te acuso por tus navegantes
o difamo tan siquiera de si estuvieron vivos o muertos.

¿Quién puede decidir el día o la hora
ubicar con el dedo la casa o la hacienda?
esta vida es sabia en sus cosas, dice quien ya no lucha.

Todavía hay sangre en mis venas
entiendo que es fortuna o que no he alzado mi voz lo suficiente.

Arribaron los barcos años atrás
rompieron las fuentes y parieron demonios
rompieron las fuentes de oro y petróleo
intentaron crear nuevos mundos con muerte.
Ellos creyeron ser más por sus armas
sucumbieron en daños contra la pachamama y aun hoy...
gastan la fuerza de sus manos fundiendo metralla con pan.
Usted que calla. Sí usted y su silencio...
Es otro de ellos...
Somos sus hijos por cierto...

Asesinos y muertos es nuestra sangre.

Estoy cansado de escribir
soy un anciano que sufrió las marcas del tiempo
todos los días son hojas mal escritas
arrugado papel con destino al basurero
rubíes maltrechos en anillo de bodas.

Canto aunque no valga la pena
o sea mejor el silencio
no me rindo así el eco sea la respuesta
mudar el alma es peor que la muerte.
Insisto, no decaigo, afuera hay un mundo invisible:
guerras que aprendieron a evadir las cámaras fotográficas
o quizá el silencio sea la pandemia del siglo.

(Ese dos siempre fue un corazón roto "fragmento")

Leandro Sabogal
Julio de 2013

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