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Suspiro en Do menor


No enciendas
una vela
esta noche...

Salvo
si el fuego
viene desde dentro tuyo...

Solo
si la luz
es de quien es
la Luz.





Leandro Sabogal
7 Dic 2013

Suspiro en re menor

Caminar es ahora...
mientras se está vivo.

Vivir es estar descalzo
sobre la cuerda floja
el filo es ley y suspiro.

Sentir dolor policromo
como sabores que mi cuerpo
lleva hasta el alma...

Y el alma es buena conmigo
transformando cada paso
en una leve sonrisa.



Leandro Sabogal
5 Dic 2013

Ese dos siempre fue un corazón roto


¿Quién puede decidir el lugar dónde nace
ubicar con el dedo la familia que le acoge
intuir si acaso el futuro que le espera
evadir tan siquiera un par de dolores?
Río Magdalena no te acuso por tus navegantes
o difamo tan siquiera de si estuvieron vivos o muertos.

¿Quién puede decidir el día o la hora
ubicar con el dedo la casa o la hacienda?
esta vida es sabia en sus cosas, dice quien ya no lucha.

Todavía hay sangre en mis venas
entiendo que es fortuna o que no he alzado mi voz lo suficiente.

Arribaron los barcos años atrás
rompieron las fuentes y parieron demonios
rompieron las fuentes de oro y petróleo
intentaron crear nuevos mundos con muerte.
Ellos creyeron ser más por sus armas
sucumbieron en daños contra la pachamama y aun hoy...
gastan la fuerza de sus manos fundiendo metralla con pan.
Usted que calla. Sí usted y su silencio...
Es otro de ellos...
Somos sus hijos por cierto...

Asesinos y muertos es nuestra sangre.

Estoy cansado de escribir
soy un anciano que sufrió las marcas del tiempo
todos los días son hojas mal escritas
arrugado papel con destino al basurero
rubíes maltrechos en anillo de bodas.

Canto aunque no valga la pena
o sea mejor el silencio
no me rindo así el eco sea la respuesta
mudar el alma es peor que la muerte.
Insisto, no decaigo, afuera hay un mundo invisible:
guerras que aprendieron a evadir las cámaras fotográficas
o quizá el silencio sea la pandemia del siglo.

(Ese dos siempre fue un corazón roto "fragmento")

Leandro Sabogal
Julio de 2013

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Sin-tinta



Amar se puede para siempre, 
pero permanecer... 
permanecer es una idea totalmente distinta... 
y en estos días... sin-tinta.


LS

Liberando palabras


Escucho los pasos
de los versos vagabundos
esos que corren por los tejados
a media noche.
Llego a sentir culpa
y misericordia
en silencio
por los que quedan
atrapados
en mis cuadernos.

Todos ven
líneas negras o tinta.
Yo veo sangre.
Por lo tanto
son sombras
lo que corre
por mis venas.

Libero las palabras
que nacen dentro mío.
No son mías
y no son para nadie.
Digamos que la voz son sus alas.



Leandro Sabogal
13 Mayo de 2013

Furia I




Mis dedos
son gusanos
venenosos.

Adentro
hierve un volcán
y no hay fuego
sino sangre.

Se estallará
mi cabeza
y habrá un temblor.


En el cielo
no hay ángeles.
En la tierra
solo hay gusanos.
Y en mis cuencas
las ventanas
están cerradas.



Leandro Sabogal
13 Mayo 2013

Ladrón



Escondida detrás un árbol
la oscuridad le hacía el cuarto
y jamás imaginé mi suerte.

Esa joven apuntó su arma
Y me pidió todo lo que tuviese:
Así fue como perdí tu recuerdo.

Y me quedé vacío esa noche
Y no supe cómo llegar a casa
Y no supe cómo esquivé las balas.

Escondido detrás un árbol
La oscuridad me hace el cuarto.
Espero que pase alguien
para saciar mi sed de venganza.

Leandro Sabogal
16 diciembre de 2012

Tráfico pesado*





Carros por todos lados.
Largas filas de esos especímenes tristes.
Pitos, gemidos doloridos y malévolos.
galeras irrumpiendo el espacio.

Sobre las casas, en los andenes
entre los locales y casetas
esperando el verde del semáforo.
¡Algún día!
Algún día las avenidas
se cansarán de soportar sus pasos.

De todos los colores
de todas las edades
de todos los semblantes.
Armatostes y hojalatas.
Todos
Todos carros.

Justo ahora tengo uno
abrazado a mi pierna
pretende no dejarme tranquilo
pusilánime ser.

Busetas coquetonas me hacen luces
para que me vaya con ellas
pero me hago impasible
no soportan la calma en mis ojos.

Sobre los tejados, pisoteando los jardines
mal estacionados en las esquinas
asomando sus rines desde los edificios.
Los veo en todos lados
detenidos, uno tras otro.
mientras yo…
camino libremente entre ellos.




Leandro Sabogal
24 Octubre 2009






*
(2ª versión abril 2013 Publicada en el libro "Las letras del Face" de la editorial Dunken)
para leer la versión original: CLIC AQUÍ


Nocturno dolorido


Para Leandra Suárez




Duele que el amor
se haga tan transparente...
Estiro mis manos para tocarte
y tu figura me esquiva
como si te hubieras hecho bruma
o yo sea un fantasma.

Duele que el amor
se haga humo tan noche.
Extiendo mi telar indio
para lanzar señales al cielo
y se me escapa el alma
en este paradigma de ensueño.

Duele escribir que el amor
se deja escribir dolorido.
Quisiera succionar mi sangre
y escribir lentamente esta muerte
duele borrar las palabras
para que así sea.

Duele
el amor también duele
porque de amor esta hecho el sentido de mi vida
Pero esta noche
esta noche..
esta noche te amo dulcemente
como un eco que regresa al encontrar vacío.

Leandro Sabogal
22 Abril de 2013

Lienzo de la tarde

Punzante silencio
derriba la tarde
poemas usados
atizan el fuego
Lluvia pusilánime
y frío
ganan peso en la balanza
del adiós creciente
a modo de luna.

Hierven en su garganta
nudos
nudos que evaporan la esperanza
carcomen los suspiros
la rabia
la rabia espolvorea la cara
otra forma de amar
sin usar la trementina.

El lienzo de la tarde ya estaba manchado
quizá ella le haya hecho sangrar
en uno de sus rasguños pasionales
y esa herida no cierra
ni tampoco la bragueta de aquel pantalón negro
ni tampoco el pecho
de aquel que sueña con hallar el amor
fosilizado entre las piedras.


Leandro Sabogal
22 Abril de 2013



Guitarra tumba vacía


Me veo acostado 
en una tumba abandonada.

Salgo a caminar 
la noche
procurando 
redimir mis visiones.
Espero que un muerto 
se levante 
y me ceda su espacio.

Mi guitarra
tumba vacía
y mis manos 
intentan zafarse 
de sus cuerdas telaraña.
Quiero esconderme en su boca
quiero escapar en su cintura pálida
y morir en un simple acorde disonante.
Mi guitarra
tumba vacía
al igual que mis manos
al igual que mi boca 
ahorrando palabras.

Me veo descansando 
en mi guitarra abandonada
muriendo lentamente
y en medio de la noche
camino la canción íntima.

Solo espero que un muerto
se levante 
y me ceda su espacio.



Leandro Sabogal
19 Marzo 2013



Vano silencio


Todo es vano silencio
aboné la tierra con mentiras pueriles
Alimenté mi soledad con un vacío artificial
lo profundo de estas horas postreras
se transparenta en el humo de un cigarrillo
abandonado a medio fumar.

La calle ostenta charcos fangosos
la calle sugiere unas huellas de mujer
las marcas de sangre todavía están en mis manos
y no sé cuánto ruido haya aturdido mi alma.

Todo es vano silencio
no me había fijado
en esa sonrisa dibujada
en papel delgado.

Detrás de las máscaras
hay otras eternamente
sobrepuestas.
La calle ostenta charcos fangosos
y yo salgo desnudo a mi encuentro
con la fría noche.

Vamos juntos al museo
donde los cadáveres reposan silentes.
Y en ese vano silencio
la vida termina su cuadro al óleo.



Leandro Sabogal
18 Marzo de 2013

Después de la poesía

¿A dónde van los poetas
después de la poesía?
Narsly Cuestas


Si hay un después
jamás hubo poetas.

Al ser leído, el poema se escribe sobre piedras que respiran.
Al ser entonado el verso, el poeta es redimido.
Él habita en sus letras.

Y si hay un después,
los poetas son cambiantes voces
relámpago en las noches
trueno de quien busca
entre los caminos de herradura
sueño de quien vive
amante entre las sombras.

Después de la poesía
la ironía retumba
no queda más
que el silencio sacro
que guardan las palabras
cuando están escritas.



Leandro Sabogal
21 Abril de 2013



Pesares *




* P E S A R E S
P * S E S E A R
P E * S E R A S
E P S * E R A S
P E S A * S E R
P R E S A * E S
E S P E R A * S


* T R A T A D O
T * A T A D O R
T R * D O T A R
A R T * R O T A
R A T T * O D A
T R A T A * D O
T R A T A D * O
T R A T A D O *


D E C E P C I Ó N
D * C * P C I Ó N
* E * E P * I Ó N
D E * E P * * Ó N
* * C * * C I Ó *
D  E  *  *  * * * *N
D E C E P C I Ó N





Leandro Sabogal
8 Abril 2013

Edades



La edad del cielo
es la misma edad
de los ángeles.

El sol
tiene la edad
de la soledad.

La edad
de mis manos
se mide en tardes
moldeando
sonidos
de arcilla y
esa es la misma edad
de la cintura de mi guitarra.

El mundo...
el mundo tiene
la edad de los niños
y esa es la misma
edad que adquiere
mi espíritu
cuando me das tu sonrisa.


Leandro Sabogal
29 Marzo 2013

Próximo recital

El Centro Poético Colombiano
 Invita al ciclo de poemas
 "caminos latentes" 2013

 Marzo 15

 Graciela Hurtado de Soto,
Daniel Francisco Tapias Ferro,
Rafael Andres Melo Montaña y
Leandro Sabogal.

 Abril 25

 Luis María Murillo Sarmiento y
Santiago Pulecio

 Mayo 23

 Alicia Cabrera Mejía y
Celedonio Orjuela Duarte

 Junio 27

 Nora Rosado de Puccini y
Rafael Serrano

 Julio 26

 Víctor López y
Rache Azucena Velásquez Algarra


 BIBLIOTECA NACIONAL DE COLOMBIA
Calle 24 No. 5-60 a partir de las 5:30 p.m.
Entrada Libre
Bogotá, D.C.
2013

Aves en mi cabeza

Escucho aves en mi cabeza.
Me lamento al pensar que están enjauladas
Imagino que sufren de calambres en sus alas
apretujadas en mis estrecheces mentales.

Podría abrirme una grieta contra el muro
y fantasear que sus cuerpos majestuosos
titilan en la lejanía.
Pero no tiene sentido demoler la fuente
de la que sus vidas penden de un hilo.

Escucho aves
Aves en mi cabeza.
Puede que apenas estén rompiendo sus criptas
Puede que apenas estén rasguñando sus cáscaras.

Lanzo mi vista con fuerza
para que halle nuevos rumbos en el lontananza.
Dejo que mi mirada vuele y encuentre más cielo
para cuando mis aves extiendan sus alas
y emprendan su primer viaje.

Siembro un bosque para que pasen sus noches,
hagan nidos en las ramas más altas
y se alimenten de mis insectos más íntimos.

Escucho aves en mi cabeza
y soy más cuidadoso.
Porque permitir que las vendas se amañen en mis ojos
es una forma de cortarles sus alas.




Leandro Sabogal
9 febrero 2013

Reflexiones antes de dibujar.



1.
Se me facilita dibujar una boca triste
solo dejo caer el lápiz hacia donde dicta la gravedad.
Me queda fácil ser piedra de tropiezo.
Locura y molécula inestable.
Problema resuelto y cadencia rota en un leve empujón.
No trates de entenderme. He roto muchas hojas en el intento de escribir lo que siento.

Creo que me colgaré al techo como los vampiros,
para que sea fácil dibujar una sonrisa.
Dejaré que nazca otra canción para que camine al borde de la muerte.
¿Qué otra cosa puede hacer quien está vivo? Sino jugar a la ruleta de la espera... pasémosla bien mientras las celdas estén vacías.

2.
Puede ser que un fragmento del universo esté tratando de salir de tus tripas para volar en nuestra atmósfera. Quizás una estrella. Tal vez has caído en el juego de la nueva esclavitud, en la que pagas para que te domestiquen y crees que ese es el sentido de tu vida.También puede que estés ávida de soledad y un ente pone caracteres en tu ventana azul, rompiendo el dulce silencio de la noche. Y como has sido tan bien adiestrada, no hallas la manera de cerrar esa ventana, antes de que llegue una legión y habite su espacio.

Leandro Sabogal
20 Mayo de 2012

SÉPTIMO CIELO

Duván espera la hora acordada a dos cuadras del local desocupado, donde las citas completan una semana. Él sabe que al día siguiente ya no habrá piedra sobre piedra, que no habrá mañana, pues la guerra es inminente y su pueblo será el primero en ser atacado por los tanques que esperan al otro lado del río.

Llegadas las siete de la noche, Duván deja su puesto de guardia para encontrarse con su amada Sara, Entra al local abandonado y al verla escondida tras la sombra se lanza hacia ella para besarla. Sara lo abraza y como si el tiempo los persiguiera, se desnudan con la práctica que les dio las últimas noches. Duván la alza de una impulsada sobre la mesa de billar que ha soportado los siglos que estos dos han desbordado en sus encuentros.

Cuando por fin llegaron al ombligo de la noche y al haber hecho el amor por sexta vez, se escuchan los sonidos aterradores y apocalípticos de los tanques que avanzan, los primeros disparos contribuyen al futurismo sin futuro, la guerra empieza y mientras tanto ellos, cubiertos por un mantel y una sabana militar, intuyendo que en cualquier momento los alcanzará la muerte, inician su séptima faena.

Los corazones amantes no se cansan, sus cuerpos entregan toda su energía vital, Sara y Duván se aman como si no lo hubiesen hecho en años.

Afuera lamentos, gritos, palabras ofensivas, terror. Adentro gemidos, gritos de locura, caricias cadenciosas. Afuera los pasos desesperados de los que luchan por sobrevivir, huyendo de los hacedores de muerte. Adentro ellos se besan frenéticamente hasta herirse los labios, sangran y su sangre se mezcla con su saliva y su sudor, el humo de la Aldea que arde como sus vientres se les pega en la piel.
Pronto el relámpago de una bomba les da cuenta de sus labios destrozados y el sonido estruendoso marca el declive del éxtasis que los embriaga. La sordera momentánea es música que provoca la alquimia de lamentos amantes.
En la premura del tiempo ella lanza la yema de sus dedos entre el cabello de su amado, le besa la barbilla y recorre su mejilla hasta llegar sensualmente al pabellón de su oreja, la cual arranca de un mordisco sin que él quiera evitarlo. Luego se la come.

Tiembla la tierra cuando las naves dejan caer sus bombas sobre los edificios cercanos; el cielo intenta evitar la devastación, enviando una pusilánime lluvia que lo único que hace es darle a la escena un toque gris.
Sara desprende de su boca un dulce murmullo y le pide a Duván que la despoje de sus ojos. Sin decir una sola palabra, por última vez besa todos los momentos en los que se perdía en ellos; Inmediatamente toma su navaja de dotación y la introduce en sus cuencas para arrancarlos.

A tientas buscan sus bocas, se besan y lloran sangre, él no cesa de mecerse entre el vientre de su amada, quien busca sus manos para quitarle la navaja (las metralletas irrumpen el espacio de silencio) se presiente el orgasmo acunándose con rapidez y profundidad, ella apuñala la espalda de Duván y cuando por fin sus cuerpos tocan el cielo, una bomba augurada abre paso a su encuentro con la muerte.

¡UN PUEBLO DESTRUIDO! ¡ENFRENTAMIENTOS ARMADOS!, NINGÚN SOBREVIVIENTE…

Sorprendida por la noticia de ese lejano país, Sara cierra las páginas del periódico del día y aun en medio del letargo por la conmoción dirige su mirada hacia Duván, quien sentado en el sofá organiza su colección de estampillas y responde su mirada con ternura. Ella sonríe.



Leandro Sabogal
(2008)