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Raíces de Suiseki

La raíz de un árbol de lo etéreo abrazó mi cuerpo sin medir su fuerza,
hilos de sangre no se hicieron esperar, fuentes de agua que se enfilan para mezclarse en su clorofila.

No me deja respirar tranquilo.
El tic tac del tiempo empina su dedo acusándome de haber inventado la muerte.
Mi cabeza vuelve a ser los viñedos de antes.

Me convoca, me absorbe.
A ese árbol no le importa si me deja hecho roca.

El escultor del destino está cambiando mis formas.
Me espera un espacio en el centro de la sala o quizá en esa esquina para hacer juego con las cortinas de otoño.


Leandro Sabogal
23 Dic 2011

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