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Clase de dibujo N°14 "Apreciación de una obra"

Castillo de silencio

Observo el paisaje

El paisaje comienza encendiendo su sol de reserva.
Quizás el sol de siempre, pasadas las tormentas, se entregó a la noche.

El paisaje continúa con unas nubes doradas, desfilando sus cintas de colores,
haciendo honores carnavalescos a la muerte de un infante.

En este valle la muerte es un juego.

El paisaje se acostumbra a la existencia dejando
que los ríos recorran cada tuétano de la tierra,
y entre los escollos rescata los espíritus condenados al olvido.

Se asoman los desiertos que ocultan alacranes entre las arenas de su piel.
Sueñan con ser un espejo del nuevo sol;
se dejan besar lujuriosamente del viento para apoderársele
y entre sus tormentas pasionales quiere inventar sus propias nubes.
Termina siendo parodia y futuro del mundo.

De arena y agua están hechos los castillos que conozco.
Y el castillo de este paisaje no hace la diferencia:
Un dragón de agua lo abraza en sus bases
y un dragón de fuego abraza sus torres majestuosas y sagradas,
que se pueden ver desde cualquier lugar de esta acuarela de ensueños.


Prefiero que nadie viva allí. Es un paisaje para la nada.
O mejor lo dejo vacío para que lo habite el que quiera.
Yo por mi parte no lo haría aunque quisiera.

Produce estupor tocar esta tierra sagrada.
En realidad no sé para qué existe la tierra sagrada
si cuando la piso siento que me voy a condenar.
Ni siquiera yo puedo hacerlo, aun siendo creador.

Lontananza. Mis ojos se hacen profundos un su vientre.
Este horizonte se aleja cada vez que me le acerco un poco
y yo cierro mis ojos cuando me quiere invadir su silencio mágico,
buscando atraparme entre sus pigmentos.

El paisaje descubre el tiempo y decide contar los días.
Desde ese preciso instante se fue llenando de despojos y
llegaron pequeñas criaturas a talar sus bosques.
Del verde no quedó nada y el desierto maldijo ser profeta.
Domaron los dragones para la guerra y profanaron el castillo de arena.

Al silencio no le hicieron daño, porque estos hombrecillos no conocían el silencio.
Tomo el cuadro a dos manos
y entre lágrimas lo guardo
en el baúl de la nostalgia.
Leandro Sabogal
4 Nov 2009

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