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Clase de dibujo N°13 PERSPECTIVA


PINTÉ A LA VIRGEN DESNUDA

Ayer dormí desde las once de la mañana hasta las nueve de la noche. Mi mente enlazó un centenar de sueños y los hizo uno solo. Yo intentaré recordarlos todos aunque todavía no tenga claro si ya desperté o no:

El reloj daba vueltas tan lento como podía, se negaba a tocar la hora décima, pero un empujón del mundo no le dio otra elección. Sonó el teléfono y cuando fui a contestar caí en la cuenta de que ya estaba colgando; alguien tocó a la puerta y cuando iba a poner mi mano en la chapa para abrir, la escena cambió y era yo quién tocaba tímidamente. no le di importancia a eso, ya que cuando uno Sueña la lógica se relaja y eso la mente lo tiene muy claro, debe ser que se cansa de ver las cosas tan obvias.
Me abrieron la puerta y entré. Violeta me esperaba y nos fundimos en un abrazo, nos dimos un beso que pronto fue interrumpido por la leche que estaba a punto de hervir en la estufa: tomamos el café y reímos de cosas que no recuerdo.

De pronto la tierra tembló y Violeta salió a esconderse como si estuviese jugando, yo conté hasta diez y fui a buscarla. Recorrí todos los rincones de la casa y no encontré a mi novia por ningún lado. De repente hallé una puerta que nunca había visto en la casa y presentí encontrar a la pilla en ese lugar. Ah! Olvidé aclarar que al empezar el juego de las escondidas retrocedimos en años y éramos un par de niños, y la casa en la que jugábamos había tomado la forma de la casa de mi infancia.
Abrí la puerta y después de sortear algunas cortinas de seda me hallé en una llanura casi desierta. No lo pensé dos veces y empecé a correr y a saltar por todos sus rincones, me arranqué la camisa y me mojé en su arena. Ahí fue cuando descubrí un oasis, y sigilosamente me asomé en sus aguas. Me mojé el rostro y en su reflejo, además de mi cara y el cielo azul, vi un valle y quise escalar aquellos montes. Aclaro que antes, movido por el recuerdo de mi maestra de primaria, quien me enseñó que “un valle era un río rodeado en sus costados por montañas”, pinté un río en medio de esos montes de arena . Ya después de cumplir con esos formalismos subí a una de las cimas. Degusté una chocolatina mientras recostado en tan bella cumbre le buscaba formas a las nubes de madera. Luego me fui a la otra cima a hacer lo mismo, aunque las nubes daban otras formas.

Por esas cosas que pasan en los sueños llegó la noche y un pequeño reflejo de luz me hizo saber que me encontraba en otra habitación frente a un espejo muy grande donde me vi reflejado de una forma o muy usual aunque la razón ya la sabemos: razón y lógica dejan ver su sentido del humor. Yo sabía que era yo, pero era una mujer la que yo veía en el reflejo, tocaba mi rostro y veía mis manos y sabía que era un hombre, pero en el espejo veía una mujer. Al recordar que me había quitado mi camisa toqué mi pecho y palpé mis pectorales masculinos, pero el espejo dejaba ver un par de senos que a pesar del miedo me parecieron atractivos. Me quité el pantalón y no dudé en ver el reflejo para verificar mis sospechas: piernas de mujer. Me acerqué para tocarlas pero choqué mis manos con el vidrio del espejo, me quité la ropa interior y después de constatar que mi falo estuviese en su lugar lancé mi mirada al reflejo del espejo y esa mujer que se supone era mi reflejo se había convertido en óleo sacro. Fui a ver su rostro y era la Santa Virgen. Inmediatamente escribí un correo electrónico titulado ‘’Pinté a la virgen desnuda’’ luego me puse a meditar en los placeres del cielo.

Esto sí es un bocado de los dioses, no puedo dejar de respirar así… No quiero despertar…Oh! ¡diáchiros! La leche en la estufa hirvió e hizo estragos.

Deben saber que cuando uno es consciente de que está soñando inmediatamente despierta y aquí estoy escribiendo, y cuando uno es consciente de que está escribiendo inmediatamente deja de escribir y pone un punto final como éste.

Leandro Sabogal
(2009)

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