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Espejo de bronce

Una serpiente sanaba la picadura de serpientes
(Números 21,4-9)





En los días en que me causan daño
las voces que provienen del silencio sospechoso y malsano...


Palabras que alguna vez dijeron,
que alguna vez dije, que alguna vez escuché.


Palabras que vestidas de mí, me hieren de muerte…
palabras que yo mismo invoco para mi devastación.


... Frente a un espejo, miro mis ojos, y no digo una sola palabra…

(Aunque en esencia es imposible no decir nada cuando estoy en frente mío)



Parece que se sanan las heridas,
aunque luego vengan otras apostasías.



Quizás éste sea un signo digno para la sanación.



Leandro S. (2007)

3 comentarios:

Pedro dijo...

A veces las peores son las palabras no pronunciadas. Pero cómo callar nuestra mente cuando ésta quiere decir algo... Tarea imposible, sólo nos queda escuchar y que sea lo que Dios quiera.
Tus letras nunca dejan indiferente.
Un abrazo y feliz semana.

Castorlux dijo...

Las heridas causadas por palabras que provienen de un silencio sospechoso, se curan con un silencio sincero, proveniente del alma.
Gracias por tu visita. No fue muy dura la resaca.
Saludos.

abrazador dijo...

Hola, Leandro.
Gracias por la invitación. A mí me pasa igual, las palabras siempre salen, hieren, lasceran. Ellas son el arma más mortal. Y los espejos, esos son un arma de doble filo. Nos vemos. Solo me asomé. Volveré con más calma.

Un abrazo.

http://abrazador.wordpress.com/