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VERDE CAFÉ

Sus ojos verdes me dicen más de lo que yo puedo entenderle, y aunque su mirada me hace valorar los mementos en que no decimos nada, su voz también me arranca de la tristeza y la presión existencial, aunque sólo me diga:

-Buenas tardes, ¿qué desea ordenar?

Cuántas cosas podría hacer por mí; y no necesita esfuerzo, porque tenerla cerca ya es darle alegría a la vida que creo, es mía.

- Un capuchino sin canela y un libro de poemas, por favor.

-¿Algún autor en especial?

Si alguno, se ha inspirado en sus manos delicadas, blancas y perfectas con las que me hechiza, atrapándome en el aroma de su piel y dejado opacado el del café. Si acaso existe….ese es el indicado para esta tarde.

- El mismo de ayer, sería tan amable.

Cómo amo este lapso de tiempo en el que se retira, después de dispararme una leve sonrisa. Camina hasta la ventanilla de pedidos y luego hasta la sección de poesía. Es el momento sublime de la tarde en el que la siento mía, pues estoy seguro que está pensando en mí y lo que hace lo hace para complacerme, aunque ese sea su trabajo.

Me siento en el derecho de observar cada detalle de sus movimientos, aunque mi valor decaiga un poco cuando la veo venir hacia mí, con la bandejita en sus carísimas manos.

- ¡muchas gracias señorita!

… por darle color a mi mundo blanco y negro. creí que el ajedrez era mi mejor escapé de la realidad hasta que esta dama de carne, huesos y piel me dejara en tablas, estando ya acostumbrado a perder.
Incluso, dejé el cigarrillo, porque aunque aquí no se permite, tampoco he sentido la necesidad. Sólo uno es mi vicio…y es estar en su presencia.

- mucho gusto, estoy para servirle.

Tu piel invoca mis manos, tus labios mi boca. Tus ojos, cual lago de cristal, me seducen
A nadar desnudo en sus aguas tranquilas, hasta la hipertermia.
Tu voz a dormir en calma, a…"


Interrumpo la lectura para reflexionar en su silencio, o más bien para degustarlo. Porque aunque el silencio es constante en mi día, le llamo “su silencio” al que queda después de pronunciar su última palabra para mí.

“… estoy para servirle.” (Pausa prolongada)

Paso la página y ella pasa cerca de mi mesa, la escucho tomar el pedido de una pareja de ancianos… evito respirar mientras disfruto de su cercanía y de su ritual majestuoso.

Se me sale el alma por las manos, Que no quede una hoja virgen,
¡Que no respiren! Que no vivan, Que sepan todas que este silencio no es el mismo, Que esta soledad ya es otra. Se esconden tras la sombra y me observan.
Se me sale un bambuco sin nombre Y luego se va… en busca de un mejor amante. Nacen letras de mi piel pero estas me odian. Preferirían no vivir.
Algunas mueren y otras venden su cuerpo por unas carcajadas.
Las horas me golpean, pasan y no se percatan de mi existencia,
Los minutos como fantasmas atraviesan mi carne
Y a mi piel le dejan el recado de los años.
Se me sale el alma por las manos y ahora comprendo que no está pariendo nada,
Asoma su boca y pide agua para beber
.”

Cuánta agua cargará su piel para mi alma reseca.

“… pronto acabará esto. ¡Pronto! Pronto se extinguirá la tortura
Y la ternura al otro día tal vez viva
.”

Esa misma noche, en mi apartamento, mientras preparaba clases, sentí sus pasos en la sala
Hasta imaginé que me esperaba recostada en el sofá, leyendo su autor favorito.
A la mañana siguiente, un beso en medio de sueños de paz cerró mi levitación, lanzándome al mundo de la soledad sin consideración. Por inercia sobreviví hasta la hora santa: la hora del café.

Entré al santuario, pero esta vez mi corazón seguía vacío, inquieto, ¡profanación! No está por ningún lado mí ninfa sagrada, disfrazada de mesera.
Me inquieté bastante cuando una mujer se acercó a atenderme.

- Buenas tardes señor, ¿que desea ordenar?

Ordeno que se vayan los impostores, que mueran los culpables, que borren los caminos que la lleven a otro lugar menos a este, para que venga en mi rescate y me salve.

- Un café sin leche y sin azúcar y un libro de poemas.

- ¿Algún autor en especial?

Cualquier poeta maldito que conjure esta desgracia, esta profanación… uno que con letras de fuego inmortalice la sangre que hoy pierdo. Ya no tengo vida y desde ahora rasgo mis vestiduras.

- poemas muertos de Ordnael Roccazolla

No se demoró en volver la impostora con mi pedido.

se acercan las lágrimas en procesión y cogidas de las manos se hacen piel y carne
Qué voz tan negra tienen, qué labios tan fríos de mortales besos y suaves palabras
…”

Quizás está enferma o pidió permiso para hacer una diligencia, tal vez mañana la encuentre en su santuario.

“… ¡Mentiras! Eso es lo que traen sus maletas. Han de venir por mi soledad para violarla y dejarla preñada. No se conformarán con impregnar de sudor las sabanas donde corrí mil años y jugando a las escondidas me perdí en tus ojos de loto, sino que querrán borrar de mi piel cada gota de tu verbo encantado, exorcizando el aliento que has dejado escondido en mi pecho. Pretenderán usarlo para asfixiarme.”

Llegada la noche…la encontré en mi apartamento con su pijama puesta, entonces recordé que ayer me dijo que hoy no trabajaba en el café, pues pidió permiso para visitar a su madre enferma.
- hola amor cómo te fue en la universidad.

- muy bien, esposa mía, te extrañé en el café.

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