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FUEGO LÍQUIDO




No puedo evitar la estrecha locura
que nos ha tocado a los dos:
el mismo aire, la misma brisa…
Ya no puedo más con esos ojos de níquel
que me miran de tantas formas y colores,
haciéndome llorar, reír y enternecer;
haciéndome morir y deshaciéndome al vivir.

Ya no puedo cantar la soledad pues no la tengo,
pero, cuánto la extraño… mortificándome.
todo es un círculo vicioso de cigarrillo aguardiente y menta,
todo me trae a ti, todo me aleja
hasta la distancia iza tu nombre: todo me Aleja.

No sé cómo olvidar tu piel suave como tu voz,
como mis manos, tu piel blanca al éxtasis.
¿Cómo mis manos no irrumpir en tu tranquilidad?
No sé evitar tu desnudez en flor
tu tez en hielo, en sed. Reseca mi voz.
Y el aroma en canción que derraman tus piernas
y la luz tenue y apacible que anida en tu pecho.

Mas no tengo paz desde que te vi llorar.
El marco de pusilánime rubor me acusa en tus ojos.
La gota salitre y muerte en tu mejilla
me sofoca, me quema el pecho, el alma;
no sé qué me quema y me mata.

No puedo evitar amarte y amar la duda
no puedo evitar la estrecha locura
de amar tu piel, tu paz y tu beso de agua en mi sed,
no puedo la distancia y la soledad
y el amanecer fresco de tus labios
tras una larga noche.

Y no es que ame la soledad y la anhele.
No. debe ser mi infame cobardía la lápida mía
o la duda de ser yo tu zapato o tu espino,
hace frío y te robo la cobija.
Hace frío y te robo la cobija.

Sueles ser feliz cuando no estás conmigo
y ese que recuerdas tanto no te quema tanto el alma:
mi ayer y mi presente,
ese soy y ésta es mi duda:
No evitar la estrecha locura
de amarte a fuego y agua.




Leandro Sabogal (2005)

Espejo de bronce

Una serpiente sanaba la picadura de serpientes
(Números 21,4-9)





En los días en que me causan daño
las voces que provienen del silencio sospechoso y malsano...


Palabras que alguna vez dijeron,
que alguna vez dije, que alguna vez escuché.


Palabras que vestidas de mí, me hieren de muerte…
palabras que yo mismo invoco para mi devastación.


... Frente a un espejo, miro mis ojos, y no digo una sola palabra…

(Aunque en esencia es imposible no decir nada cuando estoy en frente mío)



Parece que se sanan las heridas,
aunque luego vengan otras apostasías.



Quizás éste sea un signo digno para la sanación.



Leandro S. (2007)

NOCHE DE VELAS




Una vela encendida
intenta vencer la noche,
anhela ser el sol
para vencer la oscuridad.

Se parece a nosotros.
Luchando contra el viento,
luchando contra las tinieblas,
muriendo segundo a segundo.
Y cuando llega su final
lentamente su llama se desvanece.

Feliz muerte derretirse toda
sin haberse dejado vencer por un suspiro,
sin haber agotado todo esfuerzo de lucha.

Aun blando su cadáver,
los chicos lo recogen
y hacen bolitas para jugar.

Me pregunto si alguna vez supo
que la noche contra la que luchaba
era la razón de su existencia.

Leandro S.
(Dic 7 2007)

Conquista


A una rosa negra

Ya casi me convenzo
de que persigo un mundo nuevo.
Quizás haya un continente sin conquistar,
quizás civilizaciones sin pervertir.

Entre esas dos noches que aprisionan tus ojos
hay bosques para perderse, hay lagos y llanuras eternas.
Quizás un monte para escalar su cima
quizás un valle para gritar desesperadamente.




Leandro S. (2007)



Enrutación.

Los caminos que van a ningún lado,
como el que recorre el tiempo perdido,
Nos llevan a donde queremos ir.

Si buscamos un lugar, el camino será corto.
Si caminamos sin buscar lugar llegaremos...

Llegaremos a la locura,
llegaremos con los pies en la tierra
como Perdidos caminantes,
no caminantes perdidos ni derrotados.

Porque la peor derrota del caminante
Es detenerse a esperar.
Es encontrar el final del camino.
Es enterrar sus pies en la quietud.

Sólo en los caminos, sólo en las calles,
Sólo en la locura y yo en tus ojos.



Leandro S. (2007)

Idea perdida



En su bicicleta mona
vagaba entre las calles
mi más remota idea:
raspada, sana
engrasada y a salvo.

Insiste, en su pañuelo llevarse las arrugas y los años,
que pareciera que pasaran,
mas yo pienso…
que su caminar lento…
es de espera…
como si se le haya quedado algo,
o ese algo lo haya despreciado.

La sombrilla ha de estar oxidada,….
acostumbrada a pasear en su mano….
esperando la lluvia que hace rato murió….
en la esquina del pare….
la intento abrir….
pero eran unas hojas húmedas…
que el descuido de un viento…
arrojó en su rostro.

Insiste en pasar la calle…
y a pesar de su prudencia…
se le atora en la garganta…
y muere … otra hora
esperando que lo lleven
en un taxi a la octava avenida
y unos trastes más acá queda Do mayor.

Y dónde dejó la bicicleta!
recordó que no tenía.
Y no era mona como parecía.

Todavía está en la esquina… de mi lengua.


Leandro Sabogal.
(2004)

Clase de Dibujo Nº1


(Dos maneras de hacer una línea)




Dos puntos discutían en la esquina de una hoja amarillenta


. .


La discusión avanzaba y se hizo mas intensa.
De repente uno de ellos no aguanto más y sacó una navaja

. ,


se la incrustó en el abdomen del otro y huyó.
El pobre punto gritaba desesperado pidiendo ayuda pero era inútil
nadie quiso escucharlo


!


Arrastrándose dibujó con su sangre el corto camino de su MUERTE


______________________.



Los demás puntos al conocer la situación...muy indignados, por eso y otras cosas, organizaron una manifestación, pero una diferente a salir a las calles a caminar. No, la manifestación debía ser su estilo de vida llevando siempre como lema:
"separados no lograremos mas que lo incierto”

...



Tomados de sus manos decidieron ser más que puntos aparte o puntos finales como su amigo

! _______________________________ !



“La paz es una línea y una línea es una sucesión de puntos...
La paz no se escribe con sangre o con guerra.
La paz es el punto.”


Leandro S.
(2007)

Presencias




Desde este lugar
alcanzan mis pulmones a traer vida,
tu perfume sobrevive
entre el polvo de tu ropa guardada
y el sudor de esos días soleados
en que juntos caminábamos olvidando el camino.

¿Será tu aroma quien vino a rescatarme?
O es tu recuerdo quien roba mis últimos suspiros
o es tu recuerdo quien vino a presenciar mi lenta muerte.

Se filtran las pisadas de un sueño asesinado
convertido en pesadilla.
¡No puedo creerlo!
quiere entrar en el cadáver oscuro en el que vivo,
busca grietas, busca sangre.
¿Acaso no sabe que siempre ha estado adentro
robándome la luz?

Desde este lugar en el que me hallo aprisionado
la oscuridad habla mal de la noche,
el silencio habla mal de tu boca,
no dice cosas buenas de la vida (sin vida y sin muerte)
Mas el estar atribulado
no me impide recordar tu piel, entre esta noche y este silencio.
Bella noche y bello silencio el de aquel día detenido en el tiempo.



Leandro A Sabogal (2006)

Oda clandestina




I. Génesis

En el principio la música era en sí misma,
de repente, se dio cuenta de su soledad, y habitó en el hombre



El músico arranca de su alma ¹
trozos que disfraza de sonidos.
No hay tiempo, ni edades en ellos,
no hay razones, ni lógicas válidas.
Él no sabe qué sucede,
sólo siente placer y a veces llora.
Los lanza al aire y desaparecen,
los lanza al aire y mueren.

Quizás alguien los escuche,
quizás alguien cree que le hablan,
o le gritan, o le insultan.
Pero, sólo el músico sabe de su alma. ¹
(Muy poco de su música.)

Sólo el músico es libre (nadie más)
de dar vida o matar lo que su corazón canta,
(mas, no es libre de elegir tal canto)

Los demás, como en todos los siglos,
alistan sus oídos para el éxtasis,
alistan sus cuerpos para los ritos paganos
y creen que la música es de ellos.
(Pronto vinieron las letras para brindarles consuelo)²

La música es de nadie, ni siquiera del músico.
Ella es por sí sola. No depende de nada.
Pero sin músicos nadie podría invocarla
nadie podría oírla pasar.

La vida sería igual que la muerte y el silencio perdería su valor.




II. La esclavitud

La música y las letras se hicieron amantes, de su idilio nacieron miles de semidioses, monstruos y deformidades, que luego en orgías y borracheras se mezclaron con las hijas de los hombres y nacieron gigantes con cerebro de mosquito y con ellos la pobreza y la muerte .



Vino una raza
que recogió los bastardos de la calle,
los engordó con legumbres y
sobrevivieron.

Los esclavizó,
apresándolos en los bafles.
fue fácil el adiestramiento
fue fácil robarles el estiércol para venderlo.

Los hijos conocieron la perversión
y vendieron su corazón al dinero
que de nada les servía.

Los abuelos lloran y las masas piden más carroña.


III. Da Capo al Fin

Los hombres no tienen elección: nacer, crecer, comprar un
reproductor de sonido y morir.



La música se fue a la montaña a llorar *
se hizo anacoreta y clandestina
a veces intenta el recate,
mas no cree que sea el tiempo de morir.

(Ya no en el viento. El alma del músico se volvió retraída)

A lo lejos sus hijos deformes mendigan amor.

Antes la música jugaba con el auditor.
Ahora los productores juegan con el auditor y los bastardos de la
música y las letras.


Leandro A. Sabogal
(2008)

=============================================================

¹ O lo que llamamos alma.
² A los hombres. (Que poco entendían la música, pero la creían suya)
* Algunos le llaman jazz a tal llanto. De ser así, el llanto se hizo río que vino de la montaña para rescatar en sus aguas a los hijos que quedan vivos.

El gran anciano






Estar frente al gran anciano me trajo nostalgia.
Sentí como si su brisa y el rugir de su voz en leva
escribiera sus aventuras nunca antes dichas...
sus lamentos más escondidos y sus amores frustrados.



Bebí sus lágrimas de sal.
Cerré mis ojos

y uno de mis suspiros se escabulló
entre sus cuitas desesperadas.
Me estaba esperando (lo sentí)
se moría por tenerme en sus aguas.



Nunca había visto
lo pequeño que soy,
lo débil, lo afortunado.
El cielo y el mar se amaban

y yo estaba entre ellos dos. Aprisionado.
El mar se tragó el sol y debí partir... mi vida en dos.



ya entendí por qué nací lejos de él
ya entiendo la distancia,
pero no me deja de doler.

Al otro día volví a él
y me bañé de sal como si nada hubiese pasado.
Fingimos ser unos perfectos desconocidos
y continuamos el juego después de mi partida.




Sin embargo cierro mis ojos y veo sus olas vistiendo cada segundo de mi historia".









Leandro S. (Dic 2006)




ALIENTO


Hecho con Paint por Leandro Sabogal

Todavía me quedan alientos
para liberar las moscas
para abrir los ojos
de la lluvia que se rehúsa a detenerse.
Alientos,
para despertar las mañanas
que se quedaron dormidas.

Todavía me quedan alientos
en el bolsillo y creo que es hora de comerlos,
habrán reservas pocas
para abrir la boca y
cantar la basura de muchos
y la vida de otros.

Aun me queda el alma
que me escucha atenta,
con sus ojos aguados.
(Me recuerda una mujer
que veía su hijo
aprendiendo a caminar.)

Aun me quedan oídos
para hallar la voz y el aliento
que alimentó al mundo
en su despertar.

Y en el fondo de mi corazón,
aunque mi rostro sonríe difunto
y mi cuerpo yace detenido
entre la corriente de los días,
arrastrándose, queda el aliento de la libertad
que murió para vivir en el aire
esperando que alguien le preste sus manos.

Leandro Sabogal (2005)

UN INSTANTE

Esa luz que desprende tu mirada,
atrayente y novedosa para mí,
entra por mi boca y destroza mis palabras,
se entromete en mi garganta.
Desata melodías en mi abdomen,
emprende un gran viaje
hasta las profundidades del corazón,
atravesándolo y provocando
un delicioso dolor,
el cual disfruto mientras te das cuenta
que yo también te estoy viendo y
volteas disimuladamente tus ojos.

Leandro Sabogal (1999)

Islas

“Estoy al borde de la desesperación,
Si doy un paso más, me llevará la vida en su caudal más negro.”








“No me canso de buscar en los rincones de esta ciudad,
Los fragmentos de los momentos que se nos fueron cayendo.”





"La guerra ha pasado..........a su estado mas terrible: la paz y tu ausencia"





“El aire roza tu piel
y el aire adquiere sentido.
Roza mi piel
tu piel rosa.”




“Estas manos que alguna vez moldeaban carreteras para mis carritos,
moldean ahora carreteras en tu cuerpo hasta el infinito”

"Quiero lo humano de Dios y lo divino del hombre"




Leandro Sabogal 2007

Palabras

Hay palabras que se reúnen
para ser una frase.

Palabras que solas hacen daño.
Más aún, cuando tienen malas compañías.

Hay frases que no admiten más palabras
porque no las necesitan, porque no caben.
Y si acaso por capricho las reciben,
éstas sobran y el culpable es Dios.

Hay palabras que pocos pronuncian,
por temor.
Palabras que se esconden
tras los pliegues vocales
que duele si se tragan,
pero mas duele liberarlas.

se anudan en la garganta y luego se hacen cáncer.

hay palabras que ríen
palabras que lloran,
palabras que dan vida
y palabras que matan.


Leandro Sabogal

(13 junio 2007)

Regresión



Ángela G.

En el viento tu piel
en el viento tu voz
no te has ido.

En mi piel tu aroma
en mi piel tu mano ahora
en mis labios el recuerdo de ti.

Expongo mis párpados
y respiro tu piel
y respiro tu voz
y beso tu aroma
y tu mano también.



Leandro Sabogal (6 junio 2005)

LOS FUNERALES DE ALBERTO

Cuando entré en el templo, me di cuenta que se estaba terminando una misa de funeral.
Estaba el ataúd frente al altar con dos velas a los lados, un perro acostado debajo con cara melancólica y el cura en el presbiterio haciendo los ritos de purificación de los vasos sagrados.
Nadie acompañaba al muerto, a excepción de un joven que subía los escalones hacia el ambón. Sus pasos retumbando el templo vacío y el olor a incienso combinado con formol acrecentaban mi curiosidad por escuchar su discurso. Me senté en una de las sillas de la mitad para escucharlo y de paso quemar tiempo mientras abrían las oficinas del banco.

El joven tomó aire, sacó un papel de su bolsillo y empezó a leerlo:
“Hace tres meses vivo en este sector de Bogotá. Recién llegué me dijeron que por estos lados es muy peligroso, que atracan a los transeúntes, incluso, a plena luz del día. Uno ve gente, de esa que ha caído en la desgracia de las drogas, gente a la cual le llaman indigentes, y a los que les atribuyen la inseguridad del barrio, gente que camina de forma muy extraña y que piden dinero a cambio de oficios innecesarios o a cambio de no enterrarles la navaja que asoman de su bolsillo; a veces se les ve haciendo sus necesidades, acurrucados con los pantalones abajo, en la esquina de la cuadra; otros durmiendo hasta el medio día en los andenes o inhalando pegante; otros limpiando vidrios (o rayándolos) o robándose los espejos. No sabía qué sentir por esa gente: Ira, compasión, lástima, dolor, tristeza, asco o indiferencia. No lo sabía y tal vez no lo sepa aún, pero conocí a Alberto.

La primera vez que lo vi, no hace más dos meses, se defendía de un brutal monstruo que estaba disfrazado de farol. Con tan solo un palo de escoba, que movía con gran agilidad, un escudo de cartón de su arsenal y luciendo una cinta amarilla en la frente batallaba incansable.
Nadie se había percatado del peligro que se avenía. Mientras los autos en sus eternas filas pitaban por avanzar al menos unos metros; mientras la gente caminaba como hormigas sin dirección, haciendo sus compras, hablando de la telenovela del momento, de los negocios; mientras los voceadores gritaban como de costumbre promocionando los yines de diez mil y el mundo seguía en su desorden normal, el sonido metálico de su palo de escoba contra el farol era la música de la salvación.

Al descubrir mi presencia en la escena me habló como si me conociera de hace mucho tiempo, – ya casito lo venzo compadrito – Su voz áspera y ronca tocó las fibras más profundas de mi cuerpo. De repente todos los demás éramos los locos y este hombre valiente que salvó el barrio de la devastación era el único cuerdo.

Otro día, después de misa, él estaba en el atrio lavándose la cabeza con agua bendita, me le acerqué y de nuevo me saludo con mucha familiaridad, le pregunté cómo estaba y me dijo que bien, luego me atreví a preguntarle otras cosas:
– ¿y usted dónde vive, o dónde duerme? – en la plaza San Victorino o allá en esa esquina. – Me respondió señalando con su dedo tronchado hacia cualquier lugar. –
– Claro que cuando llueve por allí a tres cuadras – completó.
– ¿y siempre ha vivido en la calle? – ¡no, no, no! compadrito. Yo vivía en Cúcuta, trabajaba en una fábrica de ropa con mis hermanos. La empresa era de mamá, pero ella murió y nos la dejo de herencia. Como yo soy hermano sólo por parte de papá, no sé qué chanchullo hicieron y me robaron mi parte, me echaron del trabajo y hasta me amenazaron con echarme los paracos. No ve que yo era el gerente y además el preferido de mamá, y esos me tenían envidia. – dijo con tristeza
– ¿y tuvo esposa? – Sí, pero esa vieja me dejó. Se fue con otro para Estados Unidos y se llevó a mi hija, bien chiquitina, “al caído caerle” como dice el dicho. No aguanté todo eso y me hundí en el alcohol, cuando me di cuenta estaba en el cartucho fumando lo que me encontrara por el frente, hasta que un día llegaron los tombos y nos sacaron a bolillo. Pasé una noche en el calabozo y de ahí me mandaron a un hogar de paso…–
Sin terminar de hablar siguió su camino, con su andar de Charles Chaplin a cámara lenta, luego en la esquina se detuvo a hablar con su perro, único compañero fiel.

Desde ese día cuando yo salía temprano para la Universidad o cuando nos encontrábamos en el camino, chocábamos los puños, lo saludaba con algún chiste y el me pedía para la cuota inicial de un tinto o me decía que ya iba para Monserrate a cuidar carros. A veces lo observaba mientras arreglaba sus cartones o jugaba con una pelota de caucho desinflada e invitaba a los transeúntes a jugar con él, también se la pasaba barriendo los frentes de los almacenes a cambio de comida o papel. Jamás lo vi robando o dañando a alguien, al contrario siempre fue respetuoso y querido por todos…”

Se le quebrantó la voz al joven quien detuvo su relato, luego continúo enérgico y muy emotivo pero ya sin leer el papel y dirigiéndome la mirada a mí, su único espectador:
“…Aunque no sé hasta qué punto… pues allá afuera están todos y aquí dentro el féretro del que salvó el barrio de un farol despiadado, del hijo consentido, del hermano odiado, el hombre libre, el hombre feliz, el que no tenía más que unos cartones y un costal de ropa vieja, aquí Alberto el barrendero, el loco, quizás el único cuerdo…”
El joven no pudo decir más y volvió a sentarse donde estaba. El cura dio la bendición final y se entró. Me quedé un rato algo conmovido. No fui capaz de acercarme a aquel joven. Vi la hora y salí de afán hacia el banco.

Después de hacer la diligencia volví al templo. No encontré al Joven por ningún lado pero el féretro todavía estaba ahí. Me acerqué al ataúd con la curiosidad de ver la cara del muerto. Levanté la tapa y descubrí que el féretro estaba vacío.


Leandro S.
(2008)

Cuaderno de hojas blancas


Dios prefiere no tener nombre
y el hombre no tener precio que lo limite.


Ver el horizonte en silencio.

Y el cuaderno que me diste
sin letras o trazos que le arranquen ese instante
en que luego de un abrazo lo dejaste en mis manos.

Una hoja en blanco también es poesía
cuando las palabras sólo roban la libertad del encuentro.

Para hallarte busco lo que el aire me trae por misericordia
lo que en mi memoria se esconde detrás de la nada.

Y en esa nada también te transparentas.
porque de ti amo hasta tu ausencia, (la que odio tanto).
porque de ti amo
el silencio...de la calle que caminamos.
porque de ti amo el cuaderno de hojas blancas.

Leandro A. Sabogal (marzo 2008)

Paloma mía

Paloma mía
que pones tu vista al cielo
anhelándolo y amándolo.
Quieres volar para perderte en su espesura.

Yo vuelo hasta donde mis fuerzas me dan,
buscando unos hilos
para construir el nido donde te esperaré,
cada vez que el viento te rompa las alas de cansancio.

Esperas el cielo,
para perderte en él,
y yo te espero
para perderme en tu suave plumaje.

¿Acaso no sabes que el cielo está en tus alas?





Leandro S. (octubre 2007)

ANACORETA

"SUPLICA" acuarela sobre papel de Leandro Sabogal






I. Duerme mi voz

Duerme mi voz
en el cajón de tu ropa,
respira tu aroma
mientras sueña despertar en tus brazos,
mientras sueña morir lentamente en tu boca
para resucitar mil veces.



II. Retiro espiritual

Mi corazón salió a caminar
a una montaña desconocida.

La selva lo alimenta,
la selva lo despoja de las banalidades.

No sé cuándo regrese,
no sé cuándo escucharé la música
que se estaba perdiendo entre lo superfluo.

No sé cuándo volveré a ser libre,
si acaso lo fui algún día.

Leandro Sabogal (12 mayo 2007)

Algo de mí

Mi convicción está en constante movimiento,
se mueve al vaivén de la pregunta eterna,
pero siempre firme e incorrupta
como un baúl que ni yo mismo sé abrir.

Mi corazón es el mundo
lleno de agua salada no apta para beber.
Un universo de bondades y banalidades,
con un centro de fuego deseoso de explotar.

Odio de mí, la falta de aventura,
el miedo a equivocarme, equivocarme
y la lentitud para corregir y absolverme.
A veces olvido que el tiempo ayuda a olvidar
pero no perdona.

Amo de mí lo que todos saben de mí,
pero amo por encima de todo
lo que sólo la mujer que amo sabe de mí.
aunque ni ella ni yo sepamos decirlo.
(tampoco es necesario hacerlo)

Leandro Sabogal (14 sept. 2008)

Mwza

Bwxcáre poesinte n’la cajicha d’amóre
l’son d’zus oxos que wmerje enel fondou
mise swenhos tascitwrnos perdidous sine rwmvo
ine mwndow olvidaio, sine pasaiow ou fotwroz.

Bwxcáre n’zux mirates la swave textwra
d’zux swenhos dwlxes tenderé q’ncontrare
expero mis detinou no cambied erwta
in ze destraiera pour labious deswave cayare.

Leandrou (1999)
En la fecha que Márquez crea polémica entorno al tema de la ortografía

TODO EN SILENCIO... PUEDE SE UNA EMBOSCADA

ALMA:
Si en tus recuerdos ves algún día
entre la niebla de lo pasado,
surgir la triste memoria mía
medio borrada ya por los años,
piensa que fuiste siempre mi anhelo.


Y si el recuerdo de amor tan santo
mueve tu pecho, nubla tu cielo,

llena de lágrimas tus ojos garzos.
Ah! no me busques aquí en la tierra

donde he vivido, donde he luchado,
sino en el reino de los sepulcros
donde se encuentra paz y descanso.

Vuelvo a mirar...

...Pienso que nacimos para vivir por siempre separados,

que no es una la senda que seguimos.

...Que la lumbre que cercana vimos
fue visión de tu amor y tus cuidados.

Y al comparar la realidad penosa
con los paisajes de ideal que miro
en el fondo del alma lastimosa
para tu dulce amor -niño piadoso-
para tu dulce amor surge un suspiro.

FRANCISCO:

Cómo puedo desde aquí
desde este tan frío silencio
que también se ha apoderado de mí...
y que tanto daño te ha hecho

Decirte con una mirada
que mi alma te reclama en las noches
y me reprocha la piel el agua de tus besos
decirte que estas manos te extrañan y yo también.

Está enfermo nuestro amor pero no ha muerto!
la magia sigue, la lucha también!
ahora es cuando!
ahora es cuando!

Oh! princesa guerrera mía aun mía
dos países se necesitan para la guerra
y mi corazón esta en guerra
aunque halla sangre por todos lados
entre sollozos hay guerra
desahuciado el amor hay guerra
y después de la noche la mañana.

Mi corazón aun es tuyo
hermosa mía
mi corazón reposa y llora
mi corazón no sabe si latir o dejarse morir
pero es tuyo.
pero es tuyo.... yo no se tener corazón.


ALMA:
A la dama blanca, osada y valiente
hoy en tiempo de soledad
se le ha calcinado la sonrisa
se encuentra impenetrable y absorta.

callada y abstraída en su silencio
cómplice se hace el mundo
en medio del dolor
y del verde que muere poco a poco,
cómplices los ojos, las bocas, las palabras
y hasta la piel de universo que la rodea.
Cómplice de aquel amorque en este tiempo de soledad

agoniza en su pechosin miras de resurrección alguna
o de querer despertar de nuevo.

¡El mundo se pregunta por qué! ¡Por qué tanto dolor!
¡Tanta soledad en un corazón tan puro!

Todo se ha hecho silencio,hasta la misma distancia.
La luz, la oscuridad,
la noche y hasta las melodías que le traen su voz.


todo la condena:
haber amado en soledad,
haber sanado sin habérsele pedido… haber…haber.
Todo se ha hecho silencio.
No hay nada mas…
El olvido es su futuro mas próximo
se niega a izar, de nuevo en su alma,
la bandera que hoy sangra:
El nombre del hombre mas hermoso...

dueño de aquellas manos suaves y cálidas
que hoy están heridas en batalla...una heroína condenada al exilio.

FRANCISCO:
No sé si para sacarte del Seol
debo crucificar mi corazón
y darte mi sangre para redimirte.

Aunque temo ser el verdugo
que rompió los cristales mas puros de tu amor


Alejandra Torres (escribió a ALMA a excepción del primer capítulo de quien se desconoce el autor)
y Leandro Sabogal (escribió a FRANCISCO)

(jun de 2007)

.......¿A DÓNDE MIS OJOS CAÑA?.......

A dónde fueron mis palomas espantadas, a dónde mis ojos caña,
A dónde las manos de luz, de paz y guerras. ¿a dónde?
Huyeron despavoridos, en busca de un lugar para dormir en calma...
Ya no la guerra de caricias, ya no la guerra de te amos.
Nos persigue la muerte, el llanto y el frío.
En mi mente tu sonrisa cálida y cadáveres en el Río.
A dónde fueron el viento y sus buenas nuevas...
Dónde, las noches, con mi amada, durmiendo entre mis brazos
a dónde sus ojos caña.
¿¡Dónde!?

Leandro S. (2007)

POESÍA ENFERMA

I. infectĭo

Recuerdo que una risa
vagaba en el viento
pero en un descuido chocó en mi pecho
y quedó adherida a mí varios años.

Ahora no sé cuándo la perdí, (o huyó de mí)
cuando ya no sabía vivir sin ella.

Yo tenía hojas con canciones
y desde un barranco hice aviones
los arrojé para que besaran el viento
y se llenaran de libertad…

Quizás en alguna de esas caídas
la risa que alguna vez fue mía
escapó para seguir su rumbo.



II. Afflictĭo


Tenue risa, algo forzada
me lleva a un abismo,
me lleva las horas contadas,
me lleva a las horas de lluvia.

Su voz llena de arrugas,
mis manos con su voz atadas,
me lleva la cuenta de mis suspiros,
me lleva a pensar que está enferma.

Poesía ojerosa, cristalina
ya no cantas en mi oído,
sólo escucho gemidos,
solo, escucho gemidos.

Cómo le cuesta a mi alma cansada
arrancarse los trapos de su boca,
llora impotente su desgracia,
poesía triste, poesía enferma.

Dónde están las días
entre esta triste noche
dónde está la herida
dónde un asesino que la mate.

Ya no corre sangre por tus venas:
camina temerosa y vana.
Ya olvidó a quién perseguía,
ya olvidó de quién huía.

Y esos ojos desorbitados
no tardarán en chocarse
con una mirada precisa
o con el valle de las lágrimas.




III. lamentum

Sáname esta poesía!

Tenue risa algo forzada
fue el aroma que dejó:

Hijo suyo,
cadáver que me contamina
el vinotinto de la noche
que me embriaga el día
y por eso no despierta.

Sorda y seca mi poesía,
languidece aquí postrada
en la punta de mi lengua
enredada con el nudo
que mi garganta oprime.

Sálvame esta poesía,
este corazón no aguanta
tantas letras inflamadas
infectadas por la risa,
risa pasajera y dulce
que asesinó a mi alegría.

Sáname,
sálvame ésta:
mi triste
y enferma poesía
que duró tanto tiempo sola.

Leandro Sabogal (13 agosto de 2005)

GUITARRA DE PIEDRA Y AGUA

I. Guitarra desnuda.

Negra triste y empolvada
es la guitarra que en su reflejo
cargó algunas noches su desnudez.

Pero no estaba sola.
mis manos como grito y viento
glissaron su cintura,
mas sus cuerdas cual paño de lino
secaron mis lágrimas y mi silencio.

El sudor de su cuerpo vive en el aire
vive en el viento
y en las mañanas cuando despierto
cae como rocío….como semillas.
Rocas, que golpean mi cuerpo.

II. Batallas.

Me duelen las manos
y la espalda.
Mi corazón es una estampida
de legendarios guerreros.
No les quiero abrir la puerta
pero cuánto deseo hacerlo.
No lo hago porque presiento
una gran batalla contra la nada
y esa sería la peor derrota.

confundidos se destrozarán unos con otros
y sin hallar un oponente moriré.


III. Lo que quedó.

Quiero lo que quedó de tus manos
en la guitarra que alguna vez fue tuya.
Quiero que escuchen mi alma
enredada en sus cuerdas, ahogadas.

Quiero lo que quedó de tus manos
en la guitarra que alguna vez fue tuya,
ya que no puedo quitarte
lo que de mi piel cargan ahora.


Leandro A. Sabogal (2007)

ABORTOS

I
Tu piel invoca mis manos, tus labios mi boca.
Tus ojos, cual lago de cristal,
me seducen a nadar desnudo en sus aguas tranquilas
hasta la hipertermia.
Tu voz, a dormir en calma.

Se me sale el alma por las manos,
que no quede una hoja virgen,
¡Que no respiren! Que no vivan,
que sepan todas que este silencio no es el mismo y
que esta soledad ya es otra.

Se esconden tras la sombra y me observan.
se me sale un bambuco sin nombre y luego se va…
en busca de un mejor amante.
Nacen letras de mi piel pero éstas me odian. (Preferirían no vivir)
algunas mueren y otras venden su cuerpo por unas carcajadas.

Las horas me golpean, pasan y no se percatan de mi existencia,
los minutos como fantasmas atraviesan mi carne
y a mi piel le dejan el recado de los años.
Se me sale el alma por las manos y ahora comprendo que no está pariendo nada,
asoma su boca y pide agua para beber.

…pronto acabará esto. ¡Pronto! Pronto se extinguirá la tortura
y la ternura al otro día tal vez viva.

II
Se acercan las lágrimas en procesión
y cogidas de las manos se hacen piel y carne.
Qué voz tan negra tienen,
qué labios tan fríos de mortales besos y suaves palabras.

¡Mentiras! eso es lo que traen sus maletas.
Han de venir por mi soledad para violarla y dejarla preñada.
No se conformarán con impregnar de sudor las sabanas donde corrí mil años y jugando a las escondidas me perdí en tus ojos de loto,
sino que querrán borrar de mi piel cada gota de tu verbo encantado,
exorcizando el aliento que has dejado escondido en mi pecho y
pretenderán usarlo para asfixiarme.

III
Ojalá todos los espejos del mundo, los cristales y los lagos en quietud
hayan guardado en su memoria el reflejo de mis ojos:
Así, cuando despierte de este sueño necesario
pueda encontrar su mirada pícara y niña
además de todo lo que he guardado allí.

Leandro S.(2006)

CERCANA


Para Genoveva S.

No son los años los que nos separan
No son los años ni las generaciones.
Ni siquiera siento la distancia, ni la ausencia.
Ni siquiera te siento lejana.

Tal vez mis ojos tu rostro extrañen
y mi corazón los tuyos, tristes y niños tus ojos.

Los libros, la música, la poesía.
El saco, las bufandas, la noche y el frío.
Aún estás aquí, nunca te has ido.

Tal vez mis oídos te extrañen.
Tus letras, tu abrazo de madre, amiga y extraña.

Te siento cercana.
Algo en mí es tuyo,
como una transfusión de presencia en algún abrazo.
Te siento cercana.
Algo en ti es mío.
Por mi sangre corren tus fantasmas jugando con mis oscuridades.

Leandro Sabogal (junio 20 de 2008)

ENCUENTRO

No sé cuánto tiempo
llevo atrapado en tu cintura,
y lo sé, el tiempo no cuenta ahora,
porque entre nosotros ya no hay tiempo,
sólo un eterno presente.

No sé quíenes somos,
cuando me fundo en tus labios
y el aire que respiro es tan tibio
como tu piel mojada por la sombra.

No sé si respiro.
Nos gritamos en la cara y nos amamos
y el silencio es el lenguaje claro de un beso,
próspero e infinito como el verbo de tu mirada.

Y tu piel erizada raspa mis manos inquietas,
Te amo ahora que vivo y si muero también.

Bella eres. Desnuda de la materia puedo verte
cuando cierro mis ojos y el día no existe;
olvido el calor que trastorna la alegría (si acaso existe)
trashumante calculo tu voz y te encuentro.

Leandro Sabogal ( jul 2004)

ME GUSTA

Para Patricia Gómez

Me gusta cerrar mis ojos
porque en algún lugar
de la densa oscuridad
se halla tu rostro
con esa sonrisa tuya
que sólo tú sabes hacer.

Me gusta decir tu nombre
porque al decirlo
siento vibrar cada letra
que lo conforma.

Me gusta sentir la brisa,
porque cada vez
trae tu esencia,
trae tu sombra
y con ellos el silencio
que te acolita.

Me gusta seguir tus pasos,
porque sin saberlo
me dicen tu camino,
me gusta decir te amo
porque siento descansar mi alma.

Te amo.



Leandro Sabogal
Monterrey Casanare Col. (1998)

Tengo vidrios en los ojos





Tengo vidrios en los ojos
Tengo fuego maldito
Tengo ira
No tengo nada…

Tengo ganas
de cerrarlos para siempre
aunque siempre han estado cerrados.

Entonces ¿qué odio?
¿Acaso mis parpados?
¿Acaso mis manos?

Tengo vidrios en los ojos
Y los cristales que lloro
Los bebo para morir.

Me arde la voz,
Se cortan mis palabras,
El aire es gas metano en mis pulmones.
Se queman mis entrañas, se queman!

Luchan mis pies contra la tierra
Que no le deja seguir su camino.

Leandro S. (2006)

ALBA NIGRA


"Mi rostro no aguanta una mañana soleada...
jue´puta! el cielo se cae a chorros"
Viejito en el Parque central de Acacías M.

I.
Presiento que me buscan sus aguas
y no sólo a mí y no sólo sus aguas.

He tiznado el alba y ha llorado sola.
He sumergido mi alma impresa en esta humanidad
Y he sentido el alba encarnada y negra.

¿Dónde ha estado la razón todos estos días?
¿Por qué me odia tanto?

Y en medio de la lluvia, el alba me sonríe la mirada.


II.
Llueve
Y veo correr el minutero que ya se siente perdido…
Tiene miedo.
Parece que ha pasado varias veces por el mismo lado.

Llueve
Y el aire que te da la vida a mí me mata.
Me siento solo,
Mis zapatos se me quedan viendo y no me dicen nada.

Llueve
Y esas gotas que se filtran por el techo
Las siento sospechosas.
Escapan…
No sé de quién, pero escapan y me caen en la cabeza.


III.
Retumba tu voz en mi recuerdo
Mi tumba tu cuerpo cuando me sometí una noche,
Desprendí el broche de tu vestido infinito
Para liberar los caballos de fuego cautivos
Y me llevaron ante ti.

Todo fue una trampa. Dulce trampa.

Leandro S. (enero del 2007)

.................. TÚNICA MALDITA..................

"Huesos secos" Acuarela de Leandro S.


En la orilla de una gran roca,
un hombre con túnica blanca
pierde su mirada en el horizonte,
mientras la noche lo empapa de oscuridad.

El mar tiene sed de muerte
y por eso no muestra esperanza.

La vida ahoga,
la muerte llama,
la túnica cae y el hombre grita
la túnica cae
y su desnudez lo despierta del letargo.


Su piel no es blanca,
su piel se parece a la arcilla,

su piel no es blanca,
su corazón es un volcán dormido.

El viento salitre toca sus heridas abiertas.
El dolor le hace recordar a su sangre
la falta de caminos por recorrer

antes de entregarse al mar.
Antes de entregarse a la muerte.

El mar no bebió su sangre,
sólo su maldición:
se vistió con la túnica blanca
y olvidó mil años el color de su piel azul.

Leandro S. (2007)

CANTO A TU NOMBRE

I.
En algún lugar del mundo
una hoja blanca será masacrada
y la herida más profunda
serán las letras de tu nombre.

Los dueños de la suerte me acusan,
la distancia es el pretexto y el delito,
extrañarte es mi mayor motivo,
extrañarte es mi peor canción.



II.
¿Cuándo volveremos a desnudar
los temores que nos afligen?
para caminar descalzos sobre las piedras.


¿cuándo cantaremos el silencio?
para morir cada segundo contigo
¿cuándo cantaremos el silencio?
para escuchar tu más profundo latido.

Las letras no son dignas de besar tu nombre
pero yo las mancho con dedicación;
ni el viento, ni mi boca es digna
pero yo bebo tu nombre con violencia.



III.
Dulce sacrilegio
amar como amo tu nombre:
mi vestido, mi desnudez,
mi brumosa claridad.




Leandro Sabogal (2007)

Canción de Cuna para antes del Nacimiento




                                                                   I
Una vez más la lluvia canta mientras lloro.
Lloro porque no lloro.
Sí. Es verdad que no lo hago;
pero mi alma se ahoga y es la lluvia su canto.

Es ahora cuando duele vivir y no soy de este cuerpo,
es ahora cuando anhelo la inmortalidad
maldiciendo  el tiempo y el espacio algunas veces.
Pero amando lo tangible al recordar tu piel,
tu aroma y tu silencio elocuente.

                                    II
No creo que me condene por amar así…
      Por aferrarme a la vida que no es mía,
      por vivir mi única oportunidad, -hasta donde sé-
      y llenarme de tus ojos caña.
 
No creo que me condene por amarte así…
      Con el alma y con todo lo que no es mío
      por fundirme en tu piel que no es tu piel
      y embriagarme de tus ojos leche.

No creo que me condene por amarme así…
     Entonces ¿quién soy? si nada es mío,
     si extranjero soy dónde es mi tierra
     para amarnos juntos sin temer un fin.

                                  III
Y saber que somos nosotros los que nos amamos
y no llorar porque no somos nuestros…
una vez más la lluvia canta mientras lloro y no la entiendo,
ni siquiera entiendo cómo lloro sin llorar y
unas vez más lloro al no encontrar calma…
No sé que hicimos para merecer este destierro,
para merecer esta tal existencia…
esta lenta muerte.

                                   IV
Pienso igual que otros esta noche.
El paso por este mundo es el parto,
y la muerte: el nacimiento a la verdadera vida.

Me duele pensar que aun sigo solo
me aferro a esta vida que conozco
y por ahora te amo con lo que no es mío.

 (2004)

VERDE CAFÉ

Sus ojos verdes me dicen más de lo que yo puedo entenderle, y aunque su mirada me hace valorar los mementos en que no decimos nada, su voz también me arranca de la tristeza y la presión existencial, aunque sólo me diga:

-Buenas tardes, ¿qué desea ordenar?

Cuántas cosas podría hacer por mí; y no necesita esfuerzo, porque tenerla cerca ya es darle alegría a la vida que creo, es mía.

- Un capuchino sin canela y un libro de poemas, por favor.

-¿Algún autor en especial?

Si alguno, se ha inspirado en sus manos delicadas, blancas y perfectas con las que me hechiza, atrapándome en el aroma de su piel y dejado opacado el del café. Si acaso existe….ese es el indicado para esta tarde.

- El mismo de ayer, sería tan amable.

Cómo amo este lapso de tiempo en el que se retira, después de dispararme una leve sonrisa. Camina hasta la ventanilla de pedidos y luego hasta la sección de poesía. Es el momento sublime de la tarde en el que la siento mía, pues estoy seguro que está pensando en mí y lo que hace lo hace para complacerme, aunque ese sea su trabajo.

Me siento en el derecho de observar cada detalle de sus movimientos, aunque mi valor decaiga un poco cuando la veo venir hacia mí, con la bandejita en sus carísimas manos.

- ¡muchas gracias señorita!

… por darle color a mi mundo blanco y negro. creí que el ajedrez era mi mejor escapé de la realidad hasta que esta dama de carne, huesos y piel me dejara en tablas, estando ya acostumbrado a perder.
Incluso, dejé el cigarrillo, porque aunque aquí no se permite, tampoco he sentido la necesidad. Sólo uno es mi vicio…y es estar en su presencia.

- mucho gusto, estoy para servirle.

Tu piel invoca mis manos, tus labios mi boca. Tus ojos, cual lago de cristal, me seducen
A nadar desnudo en sus aguas tranquilas, hasta la hipertermia.
Tu voz a dormir en calma, a…"


Interrumpo la lectura para reflexionar en su silencio, o más bien para degustarlo. Porque aunque el silencio es constante en mi día, le llamo “su silencio” al que queda después de pronunciar su última palabra para mí.

“… estoy para servirle.” (Pausa prolongada)

Paso la página y ella pasa cerca de mi mesa, la escucho tomar el pedido de una pareja de ancianos… evito respirar mientras disfruto de su cercanía y de su ritual majestuoso.

Se me sale el alma por las manos, Que no quede una hoja virgen,
¡Que no respiren! Que no vivan, Que sepan todas que este silencio no es el mismo, Que esta soledad ya es otra. Se esconden tras la sombra y me observan.
Se me sale un bambuco sin nombre Y luego se va… en busca de un mejor amante. Nacen letras de mi piel pero estas me odian. Preferirían no vivir.
Algunas mueren y otras venden su cuerpo por unas carcajadas.
Las horas me golpean, pasan y no se percatan de mi existencia,
Los minutos como fantasmas atraviesan mi carne
Y a mi piel le dejan el recado de los años.
Se me sale el alma por las manos y ahora comprendo que no está pariendo nada,
Asoma su boca y pide agua para beber
.”

Cuánta agua cargará su piel para mi alma reseca.

“… pronto acabará esto. ¡Pronto! Pronto se extinguirá la tortura
Y la ternura al otro día tal vez viva
.”

Esa misma noche, en mi apartamento, mientras preparaba clases, sentí sus pasos en la sala
Hasta imaginé que me esperaba recostada en el sofá, leyendo su autor favorito.
A la mañana siguiente, un beso en medio de sueños de paz cerró mi levitación, lanzándome al mundo de la soledad sin consideración. Por inercia sobreviví hasta la hora santa: la hora del café.

Entré al santuario, pero esta vez mi corazón seguía vacío, inquieto, ¡profanación! No está por ningún lado mí ninfa sagrada, disfrazada de mesera.
Me inquieté bastante cuando una mujer se acercó a atenderme.

- Buenas tardes señor, ¿que desea ordenar?

Ordeno que se vayan los impostores, que mueran los culpables, que borren los caminos que la lleven a otro lugar menos a este, para que venga en mi rescate y me salve.

- Un café sin leche y sin azúcar y un libro de poemas.

- ¿Algún autor en especial?

Cualquier poeta maldito que conjure esta desgracia, esta profanación… uno que con letras de fuego inmortalice la sangre que hoy pierdo. Ya no tengo vida y desde ahora rasgo mis vestiduras.

- poemas muertos de Ordnael Roccazolla

No se demoró en volver la impostora con mi pedido.

se acercan las lágrimas en procesión y cogidas de las manos se hacen piel y carne
Qué voz tan negra tienen, qué labios tan fríos de mortales besos y suaves palabras
…”

Quizás está enferma o pidió permiso para hacer una diligencia, tal vez mañana la encuentre en su santuario.

“… ¡Mentiras! Eso es lo que traen sus maletas. Han de venir por mi soledad para violarla y dejarla preñada. No se conformarán con impregnar de sudor las sabanas donde corrí mil años y jugando a las escondidas me perdí en tus ojos de loto, sino que querrán borrar de mi piel cada gota de tu verbo encantado, exorcizando el aliento que has dejado escondido en mi pecho. Pretenderán usarlo para asfixiarme.”

Llegada la noche…la encontré en mi apartamento con su pijama puesta, entonces recordé que ayer me dijo que hoy no trabajaba en el café, pues pidió permiso para visitar a su madre enferma.
- hola amor cómo te fue en la universidad.

- muy bien, esposa mía, te extrañé en el café.

HOJAMANTE



Alguien escribe sobre mí
versos que no logro comprender,
su pluma sedienta de camino pasa
desapercibida, callada, solitaria,
aunque la detecta mi sentido del humor.

y otras veces…

Es una daga que me perfora
como si quisiera
escribir entre mi piel su dolor,
y me duele su dolor
y mi sangre rinde las palabras
que le pueden dar la vida
que le pueden ayudar a morir.

Alguien escribe sobre mí
y corro el riesgo de perder
y corro la suerte de beber su hiel
y corro y me alcanza su dolor
para abrazarme y llorar en mi hombro
la tinta que huye por sus poros
como desintoxicando su alma, su enojo.

Y cuando calla, su silencio es frío y arrumador
son esos días cuando mi piel extraña sus dedos
grita su nombre y reclama sus besos.

Y cuando escribe susurros en mi oído,
deslizándose por mi abdomen, robándome la calma;
pareciera que me amara,
cuando su lápiz me toca la espalda,
con la suavidad de su mejilla.

Amo el sonido de sus pasos viniendo hacia mí
y su alma estrellándose en mis dedos
y su alma tatuándose en mi pecho.


Leandro Sabogal (2004)

APARICIONES

"instantes extintos, instintos y tintos de antes" hecho con paint por Leandro Sabogal



I.
La humedad en la pared poco a poco dibujó un rostro,
Tiene gesto alegre, pero su mirada oculta algo.

En el tejado un hombre con sombrero,
y en la corteza del árbol,
y en el piso encementado,
hay almas atrapadas.

II.
El ocio es el médium.
Oigo las voces de una multitud,
oigo su bullicio, sus lamentos.
Pero no comprendo sus palabras,
no entiendo nada.

Están atrapados en el ventanal opaco,
entre las cenizas,
en los rayones del cuaderno,

las marcas de mi piel.

No entiendo nada,
Y de la nada: su grito desesperado.


III
Una hoja blanca vino a salvarme.
Pero fue peor:

Movida por un impulso agobiante,
mi mano arrastró un lápiz malherido sobre su cuerpo blanco.
Su sangre negra corrió en todas las direcciones
su sangre negra clamaba venganza.

A veces suaves y tenues mis trazos,
pero otras con toda mi fuerza
hasta que hice gemir la hoja,
hasta llevarla la borde del éxtasis,
hasta que llegó la decadencia.

IV
Los rostros en los trazos
rastros de trozos y sollozos,
pidieron existir y yo lo quise
salieron de mi nada
y les dejé vivir.
Pidieron habitar una manada de cerdos

se los permití y lo hicieron.

Luego se lanzaron al abismo.
Leandro S. (2007)

´DÍA DE DIS-FRASES`


I
Fui el niño araña por un día,
Escalé sillas y mesas,
Justifiqué las telarañas de mi cuarto
Y luché por la justicia.



Claro que no pude mantener
Mi identidad secreta,
Ni mi máscara mucho tiempo puesta:
Mi antojo de dulces la llenó de saliva.



I I
Fui también un karateca.
Le pegué al viento y maté las horas,
Me le desaparecí a mi madre
Camuflándome entre lobos.


Solemne y devoto.
La danza del dragón rojo y el fuego,
Yo creía ser el elegido
Hasta que me bajaron del escenario.



III
Fui anciano de caminar lento
Con bastón y arrugas profundas.
Jamás me sentí tan solo como ese día,
Excepto cuando un pirata y un huevo frito
Se burlaron de mí.


Cuántas hadas amé,
Cuántas fresas y princesas,
Cuántas brujas y mujeres maravilla,
Pollitas de ojos verdes y rosas negras.



Leandro S. 
(2007)

DOMANDO DEMONIOS


Siento sus garras en mi corazón
Rasguñan mi carne
Perforan mis arterias con sus colmillos
y beben mi sangre.

El tiempo está aliado con ellos.
Nada hace por mí.
Me marchita.
Se dedica a estirar mi piel y arrugarla
como arcilla a su gusto.

La soledad me ha besado la mejilla mil veces
Y mil veces me han atrapado para crucificarme.
Mil veces me he quedado en la tumba después del tercer día.

Pero ya viene su final estampida de demonios,
Mi guitarra esta a punto de hacer sus oraciones.
Las hojas blancas se disponen para la masacre
y mi boca a cantar el grito de batalla.

Ya no serán libres para cabalgar por mis valles,
¡Tiemblen! Porque se acerca su castigo
Y el que se resista morirá por mi espada.

Ya no más, bestias salvajes.
Desde ahora vivirán para mi servicio.

Leandro S. (2007)